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marzo 19, 2008 / Diego Laje

Blanco sobre negro: China, Tíbet y mas allá

China no es un país con 1400 millones de ciudadanos felices. Todos los grupos religiosos mayoritarios tienen motivos para quejarse: los Cristianos deben reunirse en lugares designados o en secreto, los budistas deben aceptar reencarnaciones homologadas por el Partido Comunista, los musulmanes tienen todo tipo de limitaciones y otros grupos, como Falungong, quedaron fuera de la legalidad.

Entre tanto, el gobierno reconoce a 56 etnias distintas. Hay varias “Regiones autónomas” que se administran como dependencias del poder central, 2 regiones administrativas especiales -que sí son autónomas y se llaman Hong Kong y Macau, y una provincia rebelde que es un ejemplo de libertad, tolerancia y democracia para todos los chinos; una bofetada para el no-tan-democrático partido comunista chino.

Esta semana, una de las estas regiones autónomas protagonizó hechos de violencia: Tíbet. Estos hechos mezclan religión, etnia e historia. Gracias a vueltas administrativas, quedaron tibetanos en las provincias chinas que circundan a la mencionada región. Los blogs que reproducen las reflexiones de los que presencian la violencia muestran la preocupación por que no hay extranjeros y mucho menos periodistas en los lugares donde operan las fuerzas de seguridad, tanto en Tíbet como en las zonas aledañas. Y entonces surge la primera pregunta, si realmente no hay nada que ocultar por la supresión de estas manifestaciones ¿por qué el gobierno chino opera en forma tan sospechosa?

Y en seguida aparece el problema mas serio: con sólo dejar a los periodistas afuera y actuar como que sí tuvieran algo que ocultar, aparece el peor fantasma. Ahora los “expertos” en propaganda china no luchan contra información negativa, sino contra la imaginación. Los tibetanos publicaron estas fotos y los chinos, automáticamente, pasaron a ser mentirosos. Ya dijeron que no hubo víctimas y con una foto los opositores probaron que era una mentira. Si mintieron una vez ¿por qué no van a mentir de vuelta?

Por otro lado, se hace poco verosímil que un monje viejo en el medio de la India, rodeado por un grupo minúsculo de personas ponga creíblemente en jaque al país con más reservas del mundo, un ejército de más de 2 millones de personas, miles de millones en presupuesto y un aparato represivo que lo mantuvo en un lugar indisputable por más de medio siglo.

Y, sin embargo, eso fue lo que el primer ministro chino Wen Jiabao dijo cuando culpó al Dalai Lama por los incidentes en Tíbet. Pocas horas después, para poner el último clavo en el ataúd comunicacional chino, el religioso tibetano amenazó con renunciar si la violencia continuara.

Otro despliegue de incompetencia mediática china.

Ahora sólo resta esperar a que el imaginario colectivo, bien ayudado por activistas pro-tibetanos, empiece el efecto dominó que marcará los meses próximos a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. El gobierno de Pekín paga otra vez en estupidez lo que quiere cobrar por inflexible.

Y sobre llovido, mojado. Este fin de semana, hablamos de Taiwán.

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