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febrero 7, 2008 / Diego Laje

Y se vino la rata

Ya empezó el año de la rata en el zodíaco chino y los locales celebraron sin escatimar escenas espectaculares.

Hoy estuvimos en el Templo del Cielo. Recorrimos el complejo con la masiva compañia de miles de chinos que hacían lo mismo que nosotros: turisteaban por Pekín. Lo que nos atrajo fue que se representó una antigua ceremonia que data de las últimas dos dinastías imperiales, la Ming y la Qing (se lee ching). En su época los miembros de la corte acompañaban al emperador en fechas especiales, como esta, al templo más importante del país. En realidad más que un templo, parece un complejo de templos. Pero al fin y al cabo, el emperador venía y pedía un buen año y una buena cosecha. En realidad, acá el hombre más poderoso de su tiempo pedía por su vida. Se comunicaba con el más allá para que garanticen bienestar económico, lo que bajaría la probabilidad de una revuelta, lo que llevaría a que no maten al emperador ese año. Por eso, el Templo del Cielo era donde el hombre más poderoso pedía un año más de vida, de poder y una muerte en la cama relativamente pacífica.

La presentación tuvo toda la pompa que demanda la circunstancia. Había cientos de personas en trajes imperiales y miles de espectadores. Se bailó y hubo música muy parecida a un mantra -era muy atmosférico. Por supuesto, no hay solemnidad en un lugar de se juntan miles de familias. Pero era muy lindo ver cómo toda la gente venía a ver algo que ya no existía. Una tradición que desapareció, como buena parte de lo que conocemos como China tradicional. Después de décadas de turbulencia, guerra, cambios de régimen político, revolución cultural y capitalismo autoritario; el pasado de esta nación parece más un sueño que una realidad.

Los edificios que componen este monumento espectacular están restaurados para deslumbrar a los visitantes olímpicos de este año. Estas construcciones están restauradas “a nuevo” y tienen más color y brillo que nunca. Casi parece un parque temático, en el que uno esperaría que Mickey y el Pato Donald se aparezcan detrás de cualquier esquina.

A pesar de un esfuerzo excesivo por presentar la cultura china bajo una luz poco creíble, no deja de ser una visita obligada en esta ciudad y un evento recomendable para esta fecha.

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