Una de las particularidades de la seguridad antiterrorista es la inteligencia. Un problema de los servicios de inteligencia es que constantemente demuestran proveer un mal servicio y, además, poco inteligente.
En China, hay una cultura del secreto que roza la religión. Para ilustrar el caso puedo contar un incidente poco feliz después de cubrir el Foro Boao. Para los que no están al día con este Foro, viene a ser algo como Davos pero en Asia. Mas información en este vínculo. Volviendo al hecho, tomamos un avión de línea para retornar a Pekín y después de subir a todos los pasajeros la máquina se pasó casi una hora parada en la pista. Luego, llegó una enorme comitiva que ocupó el frente de la aeronave. Cuando se hubieron sentado, despegamos. Volamos horas y el avión estaba dividido. Parecía que un dignatario presente en el foro tomó el frente de la máquina, junto con su comitiva. A sabiendas de los riesgos que implica compartir el avión con un jefe de gobierno o gran figura, no estaba del todo contento por viajar con gente que además de arriesgar mi vida era impuntual. Al llegar a Pekín nos mantuvieron sentados durante varios minutos, esperando que la comitiva salga del tubo de aluminio en el que tuvimos que convivir. Una vez terminado el proceso, abandonamos el avión. En el camino de salida, una vez que no quedaba casi nadie a bordo, le pregunté a la jefa de azafatas quién había viajado con nosotros. “No le puedo decir, arriesgo mi trabajo” me contestó con un tono marcial.
Ridícula respuesta, ya que como buen periodista sólo buscaba que me confirme que viajaba con la comitiva Jakaya Mrisho Kikwete, presidente de Tanzania. La delegación era visiblemente africana y él fue el único dignatario africano en ese evento. Además, vamos, me pusieron en la “línea de fuego” de alguien, lo menos que me pueden decir es de quién; una vez que ya estaba lejos de ese lugar.
Pero el secreto es una religión en China. Y las estupideces que uno escucha como la escrita arriba servirían para escribir volúmenes de testimonios cómicos. Junto con esta cultura, cabe ilustrar la serie de medidas paranoicas que se tomaron para minimizar todos los riesgos antes de los Juegos y es interesante ver su impacto económico.
El problema sería que una vez más el mutismo arriesga mi vida y la de todos los demás que tienen previsto estar en Pekín para los Juegos Olímpicos.
Los servicios secretos chinos se jactan de “tener todo bajo control” para los próximos juegos. Pero, ¿cuánta información comparten? ¿Cuánto sabe la mano derecha sobre lo que hace la mano izquierda? Estos interrogantes resuenan en todo el mundo. La pregunta principal es, ante tanta competencia y secreto entre los departamentos de seguridad interior, ¿sería posible pensar que uno tenga información que otro necesite y que ésta no circule?
Mi mejor intuición me hace responder a esa pregunta con un sí. Pero no es sólo mi intuición lo que cuenta. Por ejemplo, Pekín prometió terminar con la piratería, sin embargo ayer compré DVDs falsificados como siempre. Si la policía del barrio no informa a las autoridades correspondientes dónde funcionan los gigantescos y evidentes locales de venta ilegal de films, o por otro lado, si quienes deben asegurar el cumplimiento de una promesa tan simple no pueden, no saben o no quieren hacer su trabajo ¿qué tipo de confianza debo tener en las fuerzas que están encargadas de neutralizar acciones terroristas? Habrá centenas de miles de efectivos de seguridad movilizados a Pekín, ¿vendrán para molestar a los que no hacemos nada malo o realmente harán su trabajo? ¿Cantidad es calidad?
Pero esto tampoco es lo que más preocupa. Mi padre, que vivió amenazado durante años, me dijo una vez: “si te la quieren dar, no hay guardaespaldas que te salve”. Y remató, “lo importante es actuar de manera tal que no te la quieran dar”.
El gobierno concentra sus esfuerzos antiterroristas en los musulmanes de la región de Xinjiang, en el oeste del país. Hubo informes periodísticos sobre chinos, presumiblemente de Xinjiang, entre los Talibán; sustancio esto, entre muchas fuentes, con esto, esto y esto. Sea quien sea que pasó por allí no es un amateur. Y estos hombres entrenados llevan pasaportes chinos, por ende están exentos de los “estrictos controles” a los que las visas ahora están sujetas. China realizó una cantidad de operaciones para prevenir la amenaza del terrorismo islámico de Xinjiang, hay un seguimiento aquí. Pero junto con estas operaciones, del todo cuestionables, cometieron la estupidez de -según informaron pocos medios, demoler una mezquita.
Lo que me deja con otra pregunta, si unas caricaturas causaron muertos e incidentes ¿cuál sería el resultado de semejante provocación? No me la quiero responder. Espero cubrir historias felices y de color durante los Juegos, para desastre, ya me alcanzó este año con el terremoto de Sichuan.
Este fin de semana nos entregamos a otro viaje por China. Nos fuimos a Mongolia Interior, un eufemismo con el que China define la parte de Mongolia que se anexaron después de la revolución comunista. La capital de esta región autónoma es Hohhot. Cabe aclarar que Mongolia Interior es lo que Tíbet será en el futuro: 15% población mongola nativa, 85% población china han importada. Un “paraíso” donde la cultura local se preserva como una curiosidad, para ser admirada en dosis clínicas.
Pero lo político no es el centro de esto. Anduvimos en caballos mongoles, descendientes de los que usó Gengis Khan para conquistar toda la tierra entre el Báltico y el Pacífico. Si tuviera que calificar estos caballos debería decir que lo que logró ese señor fue a pesar de los animales, no gracias a ellos.
Pero lo importante es que éramos unos 12 extranjeros, todos de distintos países, en un tour organizado por una empresa china que poco entendía nuestras necesidades. Así que, finalmente, decidimos hacer lo que se nos dio la gana y tomamos control de la situación. Mientras los guías querían que vayamos a la gran ciudad a hacer compras (y cobrar una comisión por eso) nos rebelamos y propusimos otra cosa.
Cuando el bus iba por la ruta divisamos una aldea agrícola que se veía muy vieja y toda de barro. Decidimos que no almorzaríamos en un restaurante elegido por los guías. Allí comeríamos nuestro almuerzo. Los coordinadores chinos estaban fuera de sí. No entendían cómo sería posible. Sin embargo insistimos y tuvieron que aceptar.
El bus paró en el camino, bajamos y nos metimos en el caserío. Llegamos, y nos pusimos a hablar con la gente, que salió de sus casas a ver a estos extranjeros locos que llegaron en masse a su reducto. Hablaban un mandarín incomprensible, pero los guías finalmente aceptaron traducir.
Les explicamos que estábamos de viaje, recorriendo la zona, y que queríamos comer en ese lugar. Y fuimos directos con una señora mayor: ¿nos prepararía la comida a los 12?
La señora, era baja y con la piel bien curtida después de décadas de plantar y cosechar en algún lugar de Mongolia. Vestía unos pantalones avejentados y una camisa de colores. En la cabeza tenía un tocado blanco. Bien blanco. Lo que sugería que era una persona muy limpia, y por lo tanto, su comida no nos daría una profusa descompostura.
Sin embargo, 12 extranjeros y 3 guías - 15 en total, parecía demasiado y nos sugirió que 7 vayamos a su casa y los otros 8 a la de una amiga. Y así nos dividimos en 2 grupos. Uno almorzó con esta señora y nosotros quedamos en el grupo de otra habitante del caserío que vivía a unos metros nomás.
Y así invadimos la casa de una familia: padre (52 años), madre (poco cortés preguntar la edad) y 3 hijos. La del “medio” estaba presente y hablaba inglés. Todos cooperamos en la cocina y se prepararon unos fideos con carne, unas empanadas fritas con relleno de porotos y unos panes fritos. Toda la comida era irresistible, casera y una invitación a seguir comiendo.
Cordialmente nos comentaron que poco después del almuerzo debían volver al trabajo, así que teníamos hora de salida. Más interesante fue que 2 amigos del pueblo se vinieron a comer con nosotros.
La conversación fue magra por dos razones, la primera fue que el acento de “tierra adentro” en el mandarín lo hacía casi incomprensible, la segunda fue que la comida estaba demasiado buena como para invitar a la charla.
Después de comer, nos sacamos algunas fotos. Charlamos un poco. Nos subimos al bus y nos fuimos. A la ciudad, Hohhot, a ver otra ciudad del interior de China.
El taxista nos recogió en la puerta del hospital de Chengdu, el centro donde llegaba el grueso de los heridos del terremoto. Nunca supe su nombre. Pero no me voy a olvidar de ese tipo por mucho tiempo. Cuando nos subíamos, una señora bajaba de su automóvil. Esta mujer, de unos 40 años, estaba el borde del llanto. Llegué a escuchar que venía al hospital a buscar a unos parientes, pero tenía un acento muy fuerte. Se notaba que era del campo. Así que se me hizo muy difícil de entender. También se veía que no tenía mucho dinero. Sin embargo, sacó un billete de diez yuanes (una fortuna para un campesino chino, equivalente a un euro) y se lo quiso dar al taxista. El conductor no lo aceptó y hubo una pequeña discusión. Él la bajó con una cariñosa violencia y nosotros abordamos. Le dijimos que nos lleve a nuestro hotel. A los pocos metros, noté que no había encendido el reloj del taxi. Le pedí que lo haga. El hombre, sentenció: “no voy a cobrarles este viaje, por que ustedes vienen a compartir las calamidades del pueblo de Sichuan. Yo les doy la bienvenida y agradezco que estén aquí.”
Es posible que las palabras suenen un poco pomposas al oído extranjero, pero eso es lo que dijo en chino.
Yo le respondí que el viaje era barato, que yo tenía dinero y que no había problema. Que quería contribuir con él. No había manera de hacer que el tipo siquiera dude cobrarnos el viaje.
Cuando llegamos al hotel, estábamos conmovidos, pero sobre todo, preocupados. El tipo andaba llevando gente de hospital en hospital, ayudando a quien lo necesite. Nos pusimos de acuerdo para bajar el equipo. Lo hicimos rápidamente y por una ventana abierta le arrojamos un billete de cien yuanes. Suficiente para cubrir buena parte de los costos de combustible del día. El tipo se bajó del auto a devolver el dinero. Con una sonrisa (y cierto aire de travesura), instruí al personal del hotel que no le permita la entrada. De lejos, lo saludé. Me saludó y “sin querer queriendo” me agradeció y se fue.
Esa fue una constante en Sichuan. Gente que tenía mucho menos que nosotros, nos ofrecía ayuda. En el campo de refugiados de Mianyang, donde la gente había llegado con lo que tenía puesto, nos ofrecían agua y comida. En la calle, la gente que dormía sobre las veredas por miedo a las réplicas, nos sonreía y nos hacía chistes. En Sichuan conocí una sonrisa que nunca había visto: la sonrisa del que está plenamente conciente que estar vivo ya es una alegría.
Hay 2 cosas que serán sinónimo del 2008 en China, una es el terremoto de Wenchuan y la otra los Juegos Olímpicos. Los medios y la blogosfera se esfuerzan por relacionar estos dos temas, y no voy a ser excepción. Pero comparto opinión con casi nadie.
Puesto que despés de la guerra somos todos generales, hoy, en 2008 aplaudo al Comité Olímpico Internacional por cometer el error (u horror, mejor dicho) de hacer de Pekín la sede de los próximos juegos. Creo que fue uno de los errores mas útiles que cometió ese grupo de señores que cada tanto “bendicen” una ciudad del mundo con el evento; a cambio de “favores”, sobornos y una serie de prácticas muy reprochables que están bien documentadas en los medios.
¿Por qué los aplaudo?
En 2001, cuando se hizo de Pekín la sede, comenzó un debate que sigue hasta el día de hoy en varios medios, blogs, bares y la calle. En realidad, Tíbet, el Dalai Lama, Darfur, los derechos humanos, la situación de otras minorías en China y una serie de temas, hoy suenan como anécdotas. China se prepara para contar oficialmente más de 80.000 cadáveres. Por otro lado, hay personas bien informadas que me hablan de más de 100.000, y explican que el gobierno minimizó la cifra por que la catástrofe ya era lo suficientemente grande. El número no importa, son muchos. Realmente muchos. Y lo que pasó es una calamidad.
También sabemos que es la primera vez que este país permite el acceso de ayuda humanitaria extranjera con un grado de libertad comparable al de otros países. Junto con esto, vinimos los periodistas; e hicimos una cobertura inimaginablemente libre de lo que pasó.
Los especialistas internacionales fueron parte del esfuerzo de rescate. El mundo se movilizó al auxilio de China por que los periodistas pudieron mostrar el desastre.
Creo que si este no fuera un año olímpico, ninguna de las dos frases anteriores hubiera sido posible. La cúpula tenía pocas opciones cuando la tierra tembló tan fuerte. Y de haber reaccionado de otra manera, según su instinto natural de ocultar y rechazar lo foráneo, hoy el boicot no sería una anécdota del pasado, sería una realidad que se impone a todos. Cabe recordar que durante las primeras 48 horas se negó toda asistencia extranjera y no se permitió el ingreso de periodistas a la zona. Corrigieron el reflejo. Se salvaron por poco.
¿Y quiénes fueron los beneficiados por las olimpiadas?
Los primeros beneficiados fueron los políticos de turno en China. Especialmente el primer ministro Wen Jiabao. Las postales del “Abuelo Wen”, según lo bautizó el pueblo, van desde el llanto con los chicos hasta el líder firme que imparte órdenes desde una pila de escombros con un megáfono.
Pero no sólo ellos se beneficiaron. A pesar de las calamidades, los habitantes de las zonas afectadas recibieron asistencia inmediata de los chinos y del resto del mundo. De no haber sido por los Juegos Olímpicos era más probable que el Estado los olvide, como de costumbre. La gente común recibió la ayuda del planeta, y a pesar de todo lo terrible que les sucedió, al menos por una vez, los trataron como gente.
Los valles de Sichuan, en el sudoeste de China, fue donde decenas de miles de personas murieron como resultado del terremoto de 8 grados, del lunes 12 de mayo de 2008. El sismo tuvo como epicentro la localidad de Wenchuan, un lugar donde no quedó nada. Ni casi nadie. Pero “la tormenta perfecta” fue Beichuan, al noreste del epicentro. Allí se unieron varios factores para hacer de ese lugar, literalmente, el valle de la muerte.
Llegando a Beichuan, el camino está interrumpido por rocas inmensas, del tamaño de casas. El movimiento las desprendió y las arrojó montaña abajo como si fueran bollos de papel. Se puede seguir el devastador camino de estos monstruos ígneos en el rastro de destrucción que dejaron en su camino. Detrás de cada roca, como la estela de un cometa, está achatado todo. Las casas eran como pinos de bowling.
La entrada de esta ciudad está ladeada por un cañadón profundo. Abajo, casi todo está destruido. Lo que queda en pie está severamente dañado y es, a simple vista, inutilizable. Beichuan era una ciudad con unos 30000 habitantes antes de la tragedia. Si bien esta población es grande en cualquier país occidental, para China es “pequeña” y relativamente remota. En esta ciudad se combina la intensidad del sismo con una cantidad de habitantes lo suficientemente grande como para hacer que sea un desastre de magnitud en vidas humanas.
Bajamos al Valle de la Muerte, con un equipo de rescatistas acompañados por perros. Los animales eran de una raza no identificada parecida a un pastor alemán. Eran juguetones, estaban entrando por primera vez a ese lugar. Hay informes que los perros que pasaron varios días en Beichuan perdieron el hambre, el sueño, lloraban constantemente y estaban en un estado de estrés total. Pero semejante viaje de dolor no estaba reservado sólo para los animales que llegaban a ese Hades.
Pero eso es Beichuan hoy, un infierno de escombros que es fosa común para casi 20000 almas.
Cuando estábamos en el fondo del Valle, una madre de unos 35 años apareció de entre los escombros a los gritos. Un enjambre de fotógrafos y periodistas recogieron su dolor. En un momento se tapó el rostro y pidió que, por favor, no la filmen ni la retraten. En seguida mi lente apuntó en otra dirección. Tuve ganas de gritarle a un fotógrafo extranjero que siguió retratándola. Me contuve, bajé la cámara del hombro y seguí adelante. Al fin y al cabo, lo importante era no quitar el énfasis a la búsqueda de su hija, si un colega se equivoca en una situación así es comprensible. No perdonable. Sólo comprensible.
La mujer pidió al equipo canino que la acompañe a la escuela donde su hija había quedado atrapada. El equipo, después de una breve charla, la siguió. Nos llevó hasta una pila de escombros de varios pisos de alto. Esta masa sin forma, estaba el final de una calle flanqueada por 2 edificios que estaban muy dañados pero en pie. No daban ni un signo de estabilidad. Remontar la pila de escombros para seguirla también parecía poco razonable. Nos quedamos grabando allí, a la espera de novedades desde el otro lado de la montaña que nos bloqueaba el paso. Había comercios destruidos, las sillas volcadas. El piso de la farmacia de esa cuadra estaba regado de píldoras y cápsulas. Un gallo, vivo, estaba acurrucado y silencioso en el medio de lo que alguna vez fue el lugar para venir en busca de una medicina.
Un salón de belleza exhibía fotos de elegantes modelos con cortes de pelo modernos. En una ventana, la ropa seguía colgada. Había una sandalia en una esquina. Un comercio que vendía teléfonos celulares estaba abandonado. Los últimos modelos habían desaparecido de las estanterías.
Recorrimos esa cuadra varias veces, los artefactos mas bizarros estaban yuxtapuestos: un formulario con fotos triplicadas del rostro de un niño, un rickshaw, las dos ruedas de una bicicleta que había quedado parcialmente enterrada bajo los escombros.
De repente, un oficial del ejército se nos acercó y nos dijo que no podíamos seguir grabando. Como de costumbre, limitan la acción de la prensa; pensé equivocado. El oficial nos dijo que una represa había cedido y que teníamos que dejar ese lugar de inmediato. Pronto llegaría el agua.
Juntamos a los miembros del equipo y nos pusimos en marcha. A los pocos metros, vimos a los rescatistas, en uniformes naranja, corriendo. Allí perdimos nuestra tranquilidad. Empezamos a correr, todos juntos, hacia la relativa seguridad de la altura. Tuvimos que remontar un cerro y la idea estaba fija: ganar altura. Cuanto mas alto, menos probable que nos afecte el agua.
Así nos echó el Hades. Ante la posibilidad de quedar allí para siempre, todos coincidimos que sería mejor morir otro día.
Llegamos a la entrada del cañadón, donde comenzó este relato. Abajo, sólo quedaron los muertos que acompañaban a los que estaban atrapados. Y Hades le regaló así más horas de agonía a los que esperaban el rescate.
Fue una falsa alarma. No pasó nada. Supe que poco después los socorristas continuaron su trabajo. Pero ya habíamos dejado el lugar y nunca pude saber -y creo que nunca sabré- si esa mujer y su hija se reencontraron en este mundo.
Este video es en inglés, pero las imágenes del Campeonato Mundial de Salsa al lado de la Muralla China en Mutianyu, cerca de Pekín, son impactantes. Seguimos a una pareja india, que combina el ritmo de Bollywood, con la Salsa latina. Todo un nuevo giro para la cultura latina en Asia.
Ningún pais central irratará a China. Eso es una ley de hierro. Sarkozy, el más temerario, llegaría a estar ausente de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos; pero nunca siquiera sugirió un boicot de los juegos.
El presidente francés entiende que cualquier contrato entre su país y China crea empleo, y eso suma votos. La cuestión tibetana pertenece a un pueblo que vive a miles de kilómetros de los Campos Elíseos. La política nacional prima sobre la internacional y los tibetanos no lo mantendrán en el poder. Con la misma lógica opera cualquier persona encargada de dirigir un país.
Para ilustrar este punto, alcanza con la carta de Sarkozy a la deportista discapacitada china que alcanzó la celebridad en su país por defender la llama olímpica en París, desde una silla de ruedas. Ahora, la atleta demanda una disculpa formal. El mejor resumen del embrollo Francia-China está en inglés, pero un periódico oficial chino no pierde oportunidad para explicar las cosas malas que le pasan a los que contrarían al gobierno comunista.
La ética termina donde se cuenta el primer dólar
Entre tanto Pekín no para de emprender acciones mediáticas fuera de lugar, según los observadores occidentales -y posts anteriores en este blog. Pero ¿qué dirige los brotes de irracionalidad que gobiernan las apariciones públicas del gobierno chino?
Otra vez, los analistas occidentales pierden de perspectiva el hecho que los chinos gobiernan a los chinos. Y hablan para ellos. Hasta el momento, la batalla mediática en China la gana el gobierno. Y la gana por mucho. Nadie manipula mejor que quien puede usar el nacionalismo, y a eso se le agrega una pizca de xenofobia. Una formula imbatible, también en China.
Por lo tanto, Pekín no tiene la necesidad de ceder ante las presiones de los grupos protibetanos. Y no conformes con eso, la presión internacional solamente galvaniza el frente interno, con más elementos para la xenofobia y “las fuerzas que se oponen al surgimiento de China”, según los guionistas oficiales; que ya encontraron en CNN uno de los enemigos mas acérrimos del gigante asiático.
El viaje mas largo comienza con el primer paso
Las presiones externas no surtirán efecto interno. Y para reforzar esto, vale recordar que los últimos emperadores prefirieron perder su poder antes que ceder a las demandas de occidente; ¿qué ganaría Pekín negociando con el Dalai Lama? o mejor dicho, ¿que podría darle el Dalai Lama a China a cambio de mas autonomía en Tibet?
La respuesta es nada. El Dalai Lama no tiene nada para darle a la dirigencia China. No le puede dar negocios, no le puede dar legitimidad, nada. Por mas que Tíbet preste todo su apoyo a Pekín son sólo 6 millones en un país de 1400. Insignificante. Además, los casi 1400 están galvanizados en contra de todo lo extranjero y todo lo tibetano; luego que el gobierno dedicara noticieros oficiales para mostrar imágenes de la violencia que los tibetanos le practicaban a los chinos han.
Por lo tanto, si no hay nada que les puedan dar, ¿para qué negociar? Especialmente cuando cualquier político puede ver lo que pasó cuando se negociaron las autonomías en España. Al final el centro no ganó nada y perdió cuantiosas riquezas de la periferia. Nadie emprende el primer paso de un viaje que no quiere recorrer.
La dirigencia china no está en una situación delicada y no tiene urgencias. Al fin y al cabo en 1989 eran menos poderosos, mataron a miles frente a todas las televisoras del mundo y hoy, los litros de sangre que tiñieron la Plaza Tiananmen quedaron en el olvido y los negocios siguen, como siempre.
China no es un país con 1400 millones de ciudadanos felices. Todos los grupos religiosos mayoritarios tienen motivos para quejarse: los Cristianos deben reunirse en lugares designados o en secreto, los budistas deben aceptar reencarnaciones homologadas por el Partido Comunista, los musulmanes tienen todo tipo de limitaciones y otros grupos, como Falungong, quedaron fuera de la legalidad.
Entre tanto, el gobierno reconoce a 56 etnias distintas. Hay varias “Regiones autónomas” que se administran como dependencias del poder central, 2 regiones administrativas especiales -que sí son autónomas y se llaman Hong Kong y Macau, y una provincia rebelde que es un ejemplo de libertad, tolerancia y democracia para todos los chinos; una bofetada para el no-tan-democrático partido comunista chino.
Esta semana, una de las estas regiones autónomas protagonizó hechos de violencia: Tíbet. Estos hechos mezclan religión, etnia e historia. Gracias a vueltas administrativas, quedaron tibetanos en las provincias chinas que circundan a la mencionada región. Los blogs que reproducen las reflexiones de los que presencian la violencia muestran la preocupación por que no hay extranjeros y mucho menos periodistas en los lugares donde operan las fuerzas de seguridad, tanto en Tíbet como en las zonas aledañas. Y entonces surge la primera pregunta, si realmente no hay nada que ocultar por la supresión de estas manifestaciones ¿por qué el gobierno chino opera en forma tan sospechosa?
Y en seguida aparece el problema mas serio: con sólo dejar a los periodistas afuera y actuar como que sí tuvieran algo que ocultar, aparece el peor fantasma. Ahora los “expertos” en propaganda china no luchan contra información negativa, sino contra la imaginación. Los tibetanos publicaron estas fotos y los chinos, automáticamente, pasaron a ser mentirosos. Ya dijeron que no hubo víctimas y con una foto los opositores probaron que era una mentira. Si mintieron una vez ¿por qué no van a mentir de vuelta?
Por otro lado, se hace poco verosímil que un monje viejo en el medio de la India, rodeado por un grupo minúsculo de personas ponga creíblemente en jaque al país con más reservas del mundo, un ejército de más de 2 millones de personas, miles de millones en presupuesto y un aparato represivo que lo mantuvo en un lugar indisputable por más de medio siglo.
Y, sin embargo, eso fue lo que el primer ministro chino Wen Jiabao dijo cuando culpó al Dalai Lama por los incidentes en Tíbet. Pocas horas después, para poner el último clavo en el ataúd comunicacional chino, el religioso tibetano amenazó con renunciar si la violencia continuara.
Otro despliegue de incompetencia mediática china.
Ahora sólo resta esperar a que el imaginario colectivo, bien ayudado por activistas pro-tibetanos, empiece el efecto dominó que marcará los meses próximos a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. El gobierno de Pekín paga otra vez en estupidez lo que quiere cobrar por inflexible.
Y sobre llovido, mojado. Este fin de semana, hablamos de Taiwán.
Ya es un hecho: los Juegos Olímpicos Beijing 2008 serán una ventana política. Así lo entendieron Steven Spielberg, Mia Farrow, el Dalai Lama y una serie de personajes y organizaciones internacionales que por alguna razón u otra quieren influir sobre el gigante asiático.
Como era de esperarse, los europeos llevan la delantera en cuanto a perspicacia y el Times de Inglaterra hizo gala de inmejorables fuentes. El matutino observó el fenómeno, lo puso en el contexto del alejamiento de Spielberg de los Juegos y lo comentó en profundidad acá. Este artículo analiza paso a paso cómo llegó Steven Spielberg a anunciar su “paso al costado” como colaborador artístico de los Juegos. El diario inglés cita a un “ejecutivo con mucho diálogo” con el artista y relata cómo la militancia de Hollywood por Darfur, Sudán, ganó peso. Al mismo tiempo, se hace un repaso de la reacción (o, mejor dicho no-reacción) de las autoridades chinas ante el anuncio. Este artículo refuerza lo que sostengo hace mucho tiempo: el peor enemigo de China es su aparato de comunicación pública. Varios países son cualitativamente iguales en cuanto a su performance en derechos humanos y libertad de expresión, varios son “respetados” y tienen un “lugar en el concierto de naciones”. Si bien China está muy lejos de tener un desempeño cuando menos aceptable en este tema y compatible con las prácticas normales de este siglo, el gigante asiático recibe mas dardos que otros. Y si identificara alguna razón de peso, la primera que diría es la incapacidad de quienes son responsables de pararse delante de un micrófono y articular algún sofismo que les dé una ruta de escape. Pero todos los voceros chinos hacen gala del “no aclares, que oscurece”. Y el caso de Spielberg no fue una excepción.
Ante la renuncia del galardonado director, el gobierno chino respondió, como era de esperarse, a través de una vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores. Jiang Yu resaltó la actuación de su país en favor del final de la crisis. Lo que dice es verdad, China envió tropas y trabaja por una solución a la crisis desde hace tiempo. También sugiero ver esto. Entonces, ¿por qué todo el mundo apunta en contra de China? O mejor dicho, ¿por qué apuntan en contra de los Juegos Olímpicos?
Quienes quieren influir sobre este país saben que en lo político es extremadamente conservador. Para que cambie hay que pegar fuerte y los Juegos son una oportunidad inigualable. Así que hay que entender que estos escándalos son sólo el principio.
Si bien Sudán es un tema que está de moda, no es el único en el que se busca un cambio en el gigante asiático . La cuestión de Tíbet es otro de los grandes temas que preocupan tanto a los diplomáticos en la capital china como también a una serie de organizaciones y actores políticos. Hay una organización de tibetanos exiliados que sigue las noticias de cerca, en inglés, acá. Las notas de los últimos días hablan de mas protestas. Pero en el fondo esto parecen acciones preliminares antes de los Juegos Olímpicos, y al cierre de este artículo del grupo tibetano se aclara este punto. Para quienes quieren profundizar la lectura del actual conflicto y manifestaciones en Tíbet, recomiendo la lectura de este artículo del, nuevamente, Times de Londres (con mis disculpas por que también está en inglés).
Si tenemos en cuenta que Tíbet no tiene petróleo, no parece tener nada de interés para nadie y quedó dentro de un país poderoso al que nadie va a poder sacar de allí; la situación nos traslada a otro territorio en una situación parecida: Chechenia. Y tenemos otra pregunta ¿por qué el mundo le da tanta importancia a la cuestión de Tíbet y no a otras cuestiones similares como Chechenia?
Nuevamente terminamos en la gestión de medios. Chechenia no tiene al Dalai Lama. Él ha probado ser un conocedor del uso de la comunicación masiva y la convocatoria de celebrities. Y nuevamente el gobierno chino ha demostrado su impotencia ante actores soft que capitalizan las debilidades de este gobierno.
Nuevamente quiero aclarar que China, igual que Rusia, no puede hacer gala de un buen historial en el respeto de los derechos humanos. Aprendimos qué es el polonio gracias al (cuasi) ex-presidente Putin y los activistas pro-Tíbet nos pusieron al día con temas como la esterilización forzosa, los campos de concetración y quien sería el preso político más jóven del mundo: el Panchen Lama. Pero pocas veces tenemos la oportunidad de ver de cerca cómo un gobierno, casi con recursos ilimitados, queda totalmente fuera de la partida comunicacional. Por este motivo en el análisis de la estructura gubernamental de este país no se debe dejar de lado que de nada sirve una pila de dólares si no está bien acompañada por suficiente materia gris. Y a China le sobra algo y la falta algo.
Todos intentaron ir a un Carrefour un domingo. Y tanto acá como en la China el supermercado es un mundo de gente. Ahora que me doy cuenta estoy en la China… así que debe ser una norma general de la humanidad.
De todas maneras, este domingo tuvimos que ir por cuestiones que lo hacían absolutamente inevitable. La última vez que visitamos un gran supermercado en fin de semana, recordábamos más de 20 metros de cola por caja. Y las filas pequinesas no se caracterizan por la amabilidad, caballerosidad y paciencia de sus participantes. Por alguna razón, es matemático que el ángulo de los carritos decida estacionarse en las partes privadas de quien escribe, lo que no proporciona el mejor de los momentos. Y encorsetado entre más changuitos y personas, uno no cuenta con la opción de moverse. Solo queda aguantar.
Hoy fue un día particular para ir al supermercado, pero al menos esta vez las cajas estaban mejor organizadas. La zona de góndolas era, como todo en Asia, un hormiguero. Pero una nube de gente de lo más interesante. Puesto que es invierno acá, la gente se queda con sus camperas puestas y el desfile de colores es capaz de inspirar un ataque de epilepsia hasta al más resistente de los televidentes de Pokemón. Fucsia, plateado, amarillo, verde, violeta y, cada tanto, algún viejito vestido de azul Mao -con el trajecito y el gorrito, cada vez se ven menos.
Por supuesto, este desfile tiene una función especial: todos pasan por delante del carrito de la “pareja extranjera” para ver qué compran. De los millones de personas que pululaban por el establecimiento, creo que ninguna se perdió de mirar lo que llevábamos. Cuando nos pusimos en la cola de la caja la pareja adelante de nosotros pasó varios minutos escrutando cada ítem en nuestro carrito, tan es así que empecé a hacerles un show de Cancán con los dedos índice y mayor sobre el carrito. Ya que buscaban entretenimiento, qué mejor que llevarlos al Lido de París. Otra cosa para aclarar, es que hay mucha gente, pero no compran mucho. Se van a ese alienante mundo de gente un domingo a la tarde con buen clima, para comprar 4 o 5 cosas. Tan es así que el súper no tiene cajas rápidas… ya que todos compran tan poco, todas las cajas son rápidas.
En un Carrefour se compra lo que se consigue en cualquier lugar del mundo, y algo más. Por una parte la gente compra lo que todos conocemos: leche, yogures, carne, verduras, frutas; hay muchas marcas internacionales conocidas. Por otro lado, es posible ver las “especialidades”. Algunas son interesantes, como panes y algunas bebidas, como el Wanglaoji -una versión de la Coca Cola a base de hierbas, muy buena. Otras cosas son para el susto: partes desconocidas de animales, empaquetadas como “snack”; salsas de cuestionable origen; caramelos salados, con gusto a jengibre, especias y otras asquerosidades. Lo que más nos llamó la atención fue que después de muchos años, nos reencontramos con las galletitas del zoológico. Tanto Pilar como yo recordábamos que en algún momento del final de la década del ´70 o principios del ´80, fuimos con el colegio al zoológico y nos dieron unas galletas con formas de animalitos que les dábamos de comer a los ejemplares encarcelados. Después de años de no verlas, estaban al lado de cada caja, a la salida; entre las barras de chocolate, los chicles, las pilas y los condones.
Y en seguida nos invadió la duda, ¿qué hacen las galletitas del zoológico a la salida del supermercado en China? Por supuesto que gracias a nuestras memorias eso está clasificado como alimento animal no apto para consumo humano; pero no nos dejamos de preguntar ¿será para salir y alimentar a los chinos que andan sueltos por todas partes? La pregunta queda picando.